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2007/01/19


Seguimos apostando por la paz y el diálogo

Diario de Noticias


Hemos compartido la consternación e indignación causadas por el atentado del 30 de diciembre en Barajas. Nos sumamos al rechazo que instituciones y ciudadanía en general han expresado contra este atentado y el terrorismo que practica ETA. Queremos expresar nuestra solidaridad con las familias de las víctimas, los ciudadanos ecuatorianos Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate.

Este atentado, además del horror que producen siempre estos hechos criminales, genera especial conmoción porque, después de tres años y medio sin víctimas mortales y nueve meses de alto el fuego permanente de ETA, supone la ruptura del proceso de fin dialogado de la violencia que teníamos la esperanza de culminar con éxito a partir de la resolución del Congreso de 17 de mayo de 2005. De su fracaso, de la frustración de las esperanzas de que condujera al final de la violencia, a la paz y a la normalización política sólo hay un culpable: ETA. Con la bomba y posterior comunicado denota que no entiende el clamor social contra la violencia; demuestra total incapacidad para el diálogo y desmiente el propósito de optar por la política en vez de por las armas. Su empeño en tutelar desde la amenaza hace imposible la continuación de un proceso que sólo puede estar basado, como decía la citada resolución, en "el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular". ETA debe asumir de forma definitiva e irreversible lo que ya exigía la resolución del Congreso, "A ETA sólo le queda un destino: disolverse y deponer las armas", y obrar en consecuencia. Cualquier intento de mantener un alto el fuego o nueva tregua temporal resulta poco creíble y radicalmente insuficiente. Tampoco Batasuna hace posible su participación en un proceso político mientras no se desmarque claramente de la tutela de ETA y le exija el abandono de las armas.

Así, como consideramos que la culpabilidad sobre el fracaso de este proceso recae en exclusiva en ETA, debemos decir que poner fin a la violencia sigue siendo una responsabilidad compartida de todas las fuerzas políticas y sociales. Procede que todos realicemos autoexamen sobre si hemos hecho todo lo necesario para impulsar la paz, que analicemos los errores e insuficiencias que se han podido producir y que no han ayudado en abrir caminos a una situación en que sea posible el fin del terrorismo, que nos cuestionemos quiénes han trabajado a favor de la paz y quienes por otros fines. En particular es importante superar la tentación de aprovechamiento partidista y la imagen de enfrentamiento que vienen ofreciendo los partidos políticos.

Si bien constatamos que este concreto proceso de fin dialogado de la violencia se ha frustrado, seguimos creyendo en la necesidad de la paz y del diálogo, de impulsar nuevos esfuerzos con el mismo objetivo. Iniciar un nuevo proceso de paz pasa por recomponer la unidad entre todas las fuerzas políticas, que deben trabajar por establecer los foros de diálogo adecuados en los cuales puedan plasmarse los consensos mínimos necesarios para asegurar la convivencia y la normalización política. Seguimos creyendo en el diálogo como herramienta esencial en cualquier democracia. Nadie puede pretender participar en procesos democráticos desde la exigencia de imponer su propio programa de máximos. La democracia, tanto como el juego de la decisión por mayoría, implica pluralismo, debate, búsqueda de acuerdos y capacidad de diálogo y de compromiso. Cuanto más conflicto, mayor necesidad de diálogo.

Apelamos a la movilización social contra la violencia. La ciudadanía debe reclamar su derecho a la paz y crear un espacio social donde no se dejen resquicios a la violencia, hacer posible reiniciar un proceso de paz que, a nuestro juicio, exige diálogo entre las fuerzas políticas y sociales, renuncia al uso partidista del terrorismo y de la lucha contra el terrorismo, que los derechos humanos de todos sean escrupulosamente respetados y que la utilización de los oportunos mecanismos policiales, judiciales y penitenciarios pase siempre por la potenciación de derechos y no por su limitación. Junto al reconocimiento a las víctimas, a las de este último atentado y a todas las demás, debemos aspirar a que no haya más víctimas. Finalmente, agradecemos el esfuerzo de todos los que han trabajado y trabajan por la paz y les animamos, aprendiendo de los momentáneos fracasos, a no perder la esperanza

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