Sala de Prensa
15/04/2011
Escenarios de crisis en Navarra y exclusión
“y qué pronto aprendería,
a costa de una cara experiencia,
que cuando un pueblo o una familia se dividen,
lo hacen en contra de sí mismos”.
John Jay (The Federalist, IV).
A poco más de un mes para las elecciones forales y municipales del próximo 22 de mayo, y prácticamente lanzada ya la campaña electoral, todos los partidos, coaliciones y agrupaciones, trabajan en los mensajes y propuestas que van a trasladar a la ciudadanía para demandar su voto. No cabe duda, y tampoco podría ser de otra manera, que la actual coyuntura de crisis y recesión económica constituye nuestra principal preocupación, y aglutinará la mayoría de propuestas electorales que lanzarán las formaciones políticas, que según los casos, validarán lo hasta ahora hecho, o propondrán nuevas actuaciones y medidas como mejores de las anteriores. Bueno y necesario será que conozcamos, entre otras, las propuestas para combatir el desempleo, que hoy afecta a más de 45.000 navarros y navarras, medidas para la racionalización del gasto público, políticas en materia fiscal, mantenimiento de las políticas sociales, educación y sanidad, así como para mejorar la competitividad e internacionalización de nuestras empresas.
En todo caso, el desarrollo económico y social que ha experimentado Navarra en los últimos veinticinco años, con sus luces y sus sombras, así como la actual situación de crisis económica, tienen un distintivo que la hacen peculiar, o diferenciada, por emplear un término muy manido por el navarrismo oficial, a otros escenarios; hemos llegado hasta aquí, marginando deliberadamente a una importante capa de nuestra sociedad, que legítimamente tiene otra forma de ser, entender o sentir Navarra distinta a la que han abanderado las dos formaciones políticas que principalmente se han turnado en el poder ejecutivo de nuestra Comunidad.
Así partidos políticos, sindicatos, agentes sociales, industriales, emprendedores, profesionales, docentes o investigadores, por citar algunos de ellos, han sido sistemáticamente barridos o relegados al papel de figurantes, en los principales foros y escenarios en los que se han tomado las principales decisiones cuyos destinatarios hemos sido todos los hombres y mujeres que convivimos en Navarra. Y lo mismo ha ocurrido con municipios y zonas cuya adscripción política mayoritaria no ha sido del mismo signo político del establishment dirigente.
Los ejemplos son abundantes, variados, y sobre todo, descarados. Planes de empleo, dotados por entero con recursos públicos, que favorecen y financian en exclusividad a dos sindicatos, obviando a otra rica y representativa realidad sindical; una Universidad Pública que ve condicionada su oferta académica y financiación a la asunción de unos dictados ajenos al mundo académico; instituciones culturales y académicas, que por tener como referencia de actuación al euskara, lengua también oficial y propia de Navarra, por idéntico motivo, han visto cancelados o minorados sus convenios de colaboración con la Administración; o para más inri, oposiciones para empleo público, que sabiendas de que sus bases estaban mal formuladas, son resueltas, y tras el consiguiente tirón de orejas de los tribunales, absorben a un volumen de aspirantes que no son los que demandaba la necesidad pública.
No es casual tampoco que zonas determinadas zonas de nuestra geografía hayan quedado olvidadas a su suerte, cuando la actual coyuntura se ha llevado por delante buena parte de su tejido industrial y oportunidades de empleo para sus habitantes, sin que se haya implementado política o actuación pública alguna para mitigar sus efectos, municipios que ven sometidos proyectos de desarrollo a la dormidera de la burocracia administrativa y a la sempiterna falta de recursos económicos, cuando a la par somos testigos de inversiones que suponen el empleo de ingentes cantidades de recursos en proyectos de dudosa utilidad social, o toleran pasivamente desviaciones multimillonarias en ejecución de contratos públicos como normalidad administrativa e institucional.
Proponemos a la ciudadanía una navarra, vista la proximidad de la cita electoral, una reflexión en este sentido; si en una situación de crisis como la que estamos atravesando, que nos afecta a todos con independencia de nuestra opción política, merece la pena perpetuar la política de exclusión que se viene aplicando en los últimos veinticinco años, y que han supuesto y suponen todavía, no sólo ya un déficit democrático difícilmente justificable en Europa y en pleno siglo XXI, sino además un derroche de recursos, oportunidades, talento, capacidades, esfuerzo y experiencia que necesitaremos para salir satisfactoriamente de esta coyuntura.
Ha sido una gran farsa que no puede perpetuarse, que la exclusión practicada en todos estos años, disfrazada como “defensa de nuestra realidad diferenciada”, o pánicos infundados a otras decisiones que la sociedad navarra pudiera tomar en términos de normalidad democrática, solapen carencias que se nos quieren vender como virtudes y que suponen un empobrecimiento colectivo. Poco o nada mejoraremos en los próximos años si el principal baluarte de cualquier tipo de medida contra la crisis, las personas y sus capacidades, son excluidas por un pobre y aldeano entendimiento de nuestra realidad.
Piénselo.
Iñigo Zabalza Landa
Coordinador del Área “Nafarroa-Europa” del Think Gaur Nafarroa 2020 de EAJ-PNV.
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