Sala de Prensa

20/06/2011

Artículo de opinión de Manu Ayerdi, parlamentario foral de Nafarroa Bai 2011

"Nuestros adolescentes y las vocaciones científicas y técnicas" propone un acercamiento a las inquietudes de nuestros adolescentes, intentando desde el conocimiento de los mismos y sus pasiones acercarles el mundo científico y técnico, como un mundo apasionante y de futuro.

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Artículo de opinión de Manu Ayerdi, parlamentario foral de Nafarroa Bai 2011

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Nuestros adolescentes y las vocaciones científicas y técnicas

Hace unas semanas, de boca de personas referentes de la universidad y la empresa en el marco dela Comunidad Autónoma Vasca, escuchaba que una de las mayores preocupaciones en el medio plazo está en la fuerte reducción de vocaciones científicas y técnicas en nuestros adolescentes. Se decía que, además, esa realidad era tanto más preocupante porque no se percibía, ya que las ratios actuales de % de titulados superiores técnicos sobre la población activa son buenos en comparación con los países europeos de referencia. No dispongo de la información actualizada en Navarra sobre titulados universitarios y de formación profesional superiores sobre la población activa, aunque sí he podido comprobar que comparando los dos últimos cursos, el número de alumnos matriculados en estudios universitarios técnicos o científicos, a salvo de alguna excepción, ha descendido sensiblemente de un año para otro.

La cuestión es especialmente relevante tal y como está organizado este mundo en el que vivimos. El desarrollo de tejido empresarial propio con inversión a largo plazo y procesos tecnológicos de valor añadido es clave para la creación de empleo estable y de calidad. Y en ese camino, es muy importante contar con un número adecuado de personas preparadas en las distintas ramas, y dentro de ellas, en las ramas científicas y técnicas, tanto en niveles universitarios como de formación profesional superior.

Conviene preguntarse el porqué de esa reducción de vocaciones. Alguien podría pensar que no es lógico, ya que, en gran medida, la persona con formación técnica o científica  (universitaria o formación profesional superior) tiene mayores probabilidades de colocarse y de tener a lo largo de su vida profesional una mayor retribución que personas con otras formaciones.

Sin embargo, la clave está en cómo lo perciben los propios adolescentes. Como cualquier persona adulta, ellos también están sujetos a múltiples influencias, tanto familiares y de amistades como del entorno en su sentido más amplio, desde medios de comunicación hasta redes sociales. Lo que sí está claro es que si un adolescente identifica estudiar en general con una obligación, un “rollo”, y en particular, considera las ramas técnicas o científicas como “difíciles” y sobre todo como “aburridas”, difícilmente va a optar por ellas. Por otro lado, entre los adolescentes, tener interés o vocación por lo técnico o científico, no le hace a uno más “interesante” ni más “importante” a los ojos de sus amigos o colegas. Por supuesto, aquellos pocos que sí las encuentran “interesantes” y “divertidas” irán a por ellas y superarán todos los obstáculos.

Vivimos en una sociedad donde los elementos referenciales de los adolescentes se encuentran en el mundo del deporte, de la música, el arte, el cine y la televisión vinculada al espectáculo y al ocio, incluso también del compromiso y la movilización social. Una sociedad en la que a poca gente ( y a pocos adolescentes ) le importa no tener una universidad entre las mejores del mundo, pero mucha gente está pendiente del último fichaje de Osasuna o de si Xala va a jugar o no la próxima final de pelota; una sociedad en la que lo científico y técnico se considera un mundo cerrado de unos pocos adultos, mientras que lo cultural y lo social en sus múltiples posibilidades ( tanto fenómenos de masas como opciones más minoritarias o alternativas ) se percibe como un terreno abierto a todos, también los más jóvenes, en su proceso de socialización y crecimiento personal.

En cualquier caso, detrás de todas las manifestaciones deportivas, culturales y sociales, hay emociones a raudales. En un concierto de música, bailamos, cantamos, saltamos, escuchamos, nos sentimos parte de algo fantástico. Viendo una película nos sentimos transportados a un mundo diferente y por un par de horas nos metemos en la piel de un personaje en otra época, lugar, edad o contexto, según el tema. Cuando nos movilizamos por una causa, nos sentimos parte de un grupo que está haciendo algo valioso y eso nos gusta mucho. En el deporte además las emociones están vinculadas al triunfo o la derrota: existe un calendario de competición, hay un elemento de identificación con uno de los equipos, lo que significa también identificación con los seguidores de ese equipo, y sentimientos de incertidumbre que al final desembocan en alegría o tristeza.

Si queremos que las vocaciones técnicas o científicas de nuestros adolescentes crezcan, creo que tenemos que ser imaginativos y tratar de incorporar esos elementos que hacen que otras actividades humanas sean atractivas, e incluso, referenciales. Como hasta ahora, aquel adolescente que, ya considere “muy divertidas” o “muy interesantes” las ramas técnicas o científicas se dedicará a ellas con pasión y emoción. El reto está en hacerlas “emocionantes” e “importantes socialmente” para cada vez más adolescentes.

Para ello, creo que debemos trabajar desde el sistema educativo en dos direcciones: en primer lugar, por reducir el número de estudiantes de la ESO que echen la toalla en esas materias por considerarlas “imposibles por su dificultad” y, en segundo lugar, por mejorar la información que tienen nuestros adolescentes a la hora de decidir por dónde van a encaminar su futuro. En particular, acercando a lo largo de la ESO a los adolescentes a las empresas para que conozcan mejor el día a día de las personas con perfiles técnicos o científicos y especialmente haciendo énfasis, con la metodología y los comunicadores adecuados, en la cantidad de cosas apasionantes que te puede tocar hacer y vivir si optas por esas ramas.

También considero que del ejemplo del deporte podemos sacar lecciones que podrían ayudar a darle más emoción y relevancia social entre los propios estudiantes. ¿Se imaginan ustedes una competición en las ramas técnicas y científicas entre equipos (no personas) del último año de la ESO de Navarra con premios muy significativos para los alumnos de ese último año de los tres mejores centros? ¿Se imaginan todo ello con un seguimiento razonable en los medios y sobre todo en las redes sociales por parte de los propios adolescentes?

 

Manu Ayerdi Olaizola

Parlamentario foral por Nafarroa Bai 2011

 

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